Cuando uno ya no puede imaginarse que los políticos mexicanos puedan quedar más mal que de costumbre, sale otro que los supera. Ya nada puede sorprendernos en este México querido cuando se trata de las salidas a relucir de la ineptitud de los políticos mexicanos.
Obviamente para estas fechas ya todos conocen (o al menos quienes ven las noticias, hasta las de Televisa) la serie de “osos” que se han publicado y republicado una y otra vez en las redes sociales web y en los medios electrónicos tradicionales, de los que fue objeto el aspirante presidencial del PRI Enrique Peña Nieto. Si nada saben sobre el asunto o ya se les había olvidado, luego no pregunten cómo es que la gente vota por alguien de quien en su tiempo todos se burlaron. Para bien o para mal, así funciona la mente humana… y más la de los mexicanos adictos a las telenovelas.
Pero bueno, vayamos al punto. El hecho innegable (saquen los pretextos que quieran sacar los seguidores de Peña Nieto) es que es una vergüenza no solo para la política mexicana (esa ya está acostumbrada a la vergüenza desde hace mucho), sino para México en general, que el resto del mundo compruebe una vez más la falta de capacidad de quienes aspiran a gobernar nuestro país en rubros culturales tan básicos como la lectura. ¿Qué clase de persona puede ser un profesionista quien comprueba que no ha leído lo suficiente como para nombrar decorosamente al menos 3 libros que hayan “marcado su vida” como político, si en eso se anda desenvolviendo desde hace décadas?
Lamentablemente ya sabemos que ese precisamente es el estado intelectual de la mayoría de los profesionistas mexicanos. Ni siquiera el hecho de que hayan salido de la universidad les hace interesarse al menos un poquito por la lectura para tener una cultura general o específica aunque sea de su área de desempeño. Ya ni digamos otras áreas de la cultura general. La realidad es que solamente se conforman con leer lo que les encargan en la escuela. El resto de su vida prefieren aprender a prueba y error, ignorando que existen libros que les pueden evitar muchas metidas de pata. Ni modo que lo nieguen. Muchos hasta se enorgullecen de no leer.
“Peña Nieto tiene derecho a no leerme,” dice Carlos Fuentes. Muy mal, aun viniendo de Fuentes. Yo voy más allá: “ninguna persona que se crea capaz de gobernar un país debe tener el derecho de no ser culto”. Pero pues ya sabemos que deslices como el de Peña Nieto en la FIL son la norma y no la excepción dentro de la política mexicana, sea el partido que sea. ¿O le van a creer a Ernesto Cordero que es fan de George Orwell y que ha leído “Animal Farm”, un libro de sátira sobre la falta de funcionalidad del socialismo en la práctica? Seguramente lo único que le llamó la atención para publicarlo en su Twitter fueron la portada que muestra a un puerco, y que leyó la contraportada que dice se trata sobre los animales de una granja que toman el poder de los granjeros y por consecuencia se hace un desastre. Ya se imaginan por qué, según él.
Para colmo de lo que los mismos medios provocan en todo este show de los deslices “peñanietistas”, ahora resulta que es más indignante que el aspirante priista haya declarado que “no es la señora de la casa”, a que haya comprobado que ni idea tiene de economía mexicana al no saber cuál es el salario mínimo.
Si lo analizamos, esa declaración es totalmente lógica y no quiere decir nada más que el hecho de que anda ocupado en sus cosas y que él no compra el mandado en su casa. Lo que es imperdonable es que quiera usarlo como escusa para no saber el monto del salario mínimo.
Diga lo que diga Vázquez Mota, el orden normal de las cosas es que “la señora de la casa” compre el mandado. No hay nada de misógino en ello. 100 mil años de evolución humana no pasan en balde, quieran pensar lo que quieran pensar las feministas. Luego no se pregunten por qué la familia ya no es lo que era antes.
Otra pregunta ya nada más, para dejar a Peña Nieto en paz: “¿Qué calculan que puede querer decir el hecho de que su hija se sienta con la libertad de expresar groseramente su repudio a los críticos de su padre de manera pública en su cuenta personal de Twitter… y llamarlos despectivamente “prole”? Esperemos que la única respuesta que utilizara Peña Nieto para esa pregunta fuera: “eso no lo heredó de mí… viene de los otros genes”. Sin embargo, no pasará y hasta de eso le harían otra campaña mediática que lo único que hará es ayudarle a ganar… no interesará que no pueda controlar ni a su hija adolescente.
En otro asunto nacional que saca a relucir las indignaciones innecesarias y sin despiste de los funcionarios gubernamentales mexicanos, ahora resulta que cuando se trata de implicaciones de los mismos elementos de policía en asesinatos de civiles, las investigaciones son tan rápidas que el mismo día ya se sabe de dónde vino la bala y quién la disparó. Claro que en este caso fue la policía federal la que encontró que la bala que mató a uno de los estudiantes manifestantes en la Autopista del Sol en Guerrero, provino según ellos, de la policía Ministerial Estatal.
No cabe duda que cuando se trata de echarle la bolita al otro, los trabajos que normalmente tardan meses se llevan a cabo en solamente horas. ¡Qué efectividad la de ellos! ¿No creen? Claro que, si lo analizamos sólo un poco, nos daremos cuenta de que es lógico que eso haya sucedido debido a que el estado de Guerrero es gobernado por el PRD, y la policía federal le rinde cuentas al gobierno panista. No cabe duda: qué predecibles.
Parece que lo último que les interesa a los gobiernos es que el problema esté en el sistema de selección y entrenamiento en sí, sea esta policía federal o estatal. Mientras el trabajo que deba hacerse sólo se mencione de los dientes para afuera y no se lleve a cabo de una manera profesional y sin influencias, eventos como los asesinatos en la Autopista del Sol serán cada tanto tiempo noticia. Por lo que vemos, esa limpia de las policías tardará un buen rato… si es que llega a materializarse, claro.
Y por cierto, localmente (a nivel Ayuntamiento) no andamos muy lejos de los problemas que tienen las policías estatales y federales, aunque con sus diferencias. Pero eso lo dejaré para la siguiente edición. Por ahora, que tengan un feliz fin de año. Y no se endeuden demasiado. Santa no existe ni mucho menos paga deudas.
Nelson Razo
Director Editorial










